
Desearía que una álgida brisa pudiera abofetearme en estos instantes y devolverme así los signos vitales... pero el encierro no me deja más que un tibio aire consumiendo mis suspiros.
Mis manos frias recorren mi rostro, quizás buscando alguna lágrima que se esconde en mi cabello. Mis ojos se cierran un momento... y puedo ver allí aquel espejismo que me hace temblar...
Todo mi cuerpo pareciera sentir aquel sol cuyo fuego percibo a lo lejos...mis poros pueden rozar ese suave aliento como una caricia del destino, que envuelve hasta lo más profundo de mi conciencia...
Pero mis labios guardaron el silencio...quizas para evitar que los gritos sordos enmudecieran aun más mi alma... entonces el reloj dio la vuelta... y la arena cayó sobre mi cuerpo.

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