Sentir el abismo del vacío flotanto en ese aire gélico que congela el respirar...
Sentir cómo la soledad calcome la piel y la vuelve gris,
como el rocío enfría la cara mientras el cuerpo permanece inmóvil,
mientras la mirada permanece inmóvil...
Sentir de golpe las paredes de mi sien, sentir el dolor más profundo,
la tristeza más certera que envuelve la fragilidad del corazón,
como una pluma cayendo desde el cielo deslizándose entre las rocas,
como un reloj pendulando en el tiempo, perdido en el tiempo...
Así se ha de sentir cuando los huesos se llenan de agua,
cuando el oxigeno corroe las entrañas...
cuando la vida lo es todo y es nada,
cuando hay una disputa entre la desilusión y la esperanza.

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